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(English version below)

Siempre he fardado mucho de mi suerte con las aerolíneas. De, a pesar de utilizar aerolíneas de bajo coste y de volar una vez por 2 céntimos ida y vuelta, haber llegado siempre de una pieza. A tiempo. Y con maleta.

Claro que sí. La razón no era otra que una épica compensación de suertes y desgracias que el destino me estaba preparando. El megacombo de aventuras en todos y cada uno de los aeropuertos que he pisado en mis últimas vacaciones. Por suerte han sido sólo cuatro.

Mi aventura comienza un día cualquiera de marzo, a las 8 de la tarde. Llego de trabajar, enciendo mi ordenador para despedirme de vosotros pero antes decido imprimir mis tarjetas de embarque. Outlook, bandeja de entrada, su vuelo de mañana ha sido cancelado. Mira qué suerte.

Cinco teléfonos de atención al cliente en Finlandia, España, Alemania, Reino Unido y uno específico para afectados por la huelga de ubicación desconocida. Después de dos horas descuelgan en este último. Mala suerte, a pesar de que indican que es un teléfono específico para estas incidencias, resulta ser de asistencia en el uso de la web. Pues nada, hasta mañana.

Aeropuerto de Helsinki-Vantaa – primer día de marras. Me reasignan en otro vuelo con escala en Frankfurt. Facturo y me voy a la puerta de embarque. A esperar y esperar… y chorrocientos finlandeses haciendo cola y esperando… hasta que sale el capitán y nos dice que se niega a embarcar. El avión tiene problemas técnicos y no hay otro. Mira qué suerte. Después de tapar unos agujeritos volamos hacia Alemania.

Aeropuerto de Frankfurt – día de marras (por la tarde). El avión con destino a Barcelona que figura en mi tarjeta de embarque tiene una lista de overbooking de 60 personas. Yo no soy una de ellas (ah, suerte). Pero la gente quiere volar y empiezan las negociaciones. En esto que el mostrador de la Aerolínea X (sí, ESA alemana) abre el turno de tómbola e intenta recomprarnos los billetes por 250 euros + hotel. Llego a Barcelona por la noche con un agujero (más grande que la fuga del primer avión) en mi maleta. Mira qué suerte.

Aeropuerto de Barcelona – segundo día de marras (o día de la vuelta). Barcelona – Berlín – Helsinki. Una tarjeta de embarque, hasta Berlín. La segunda ruta ya no existe.

Sí, en serio.

Me reasignan en un vuelo con escala en Munich y 10 minutos para cambiar de avión. Mira qué suerte.

Aeropuerto de Munich. Me preparo para los 100 m lisos pero da igual, a la hora de embarque yo todavía estoy intentando salir del primer avión cuando… ¡oh, autobús!, ya no depende de mí correr como si no hubiera un mañana, está claro que he perdido el vuelo.

En este momento el destino da un revés a la aventura, como medida preventiva de un posible ataque terrorista al mostrador de ESA compañía. Un par de mozos germanos aparecen de entre las tinieblas bávaras con un cartelito que reza “Helsinki” (si, no pone Mme. Tuonela de Cardamomoland ni nada de eso). Me llevan en un fórmula 1 que atraviesa la terminal en menos que canta un gallo y abren un compartimento secreto (o algo así) de acceso directo al avión. Llego a Helsinki. Pero no mi maleta (ella no era VIP).

Hasta aquí mi dilatadísima paciencia aguantó como una jabata pero llegó el momento de la verdad. Mi maleta estaba en Munich y llegaría por la noche a Finlandia. Tan tarde, que me la traerían al día siguiente.

KA-BOOM!!!

Que me cancelen los vuelos vale, que me rompan la maleta vale, que jueguen al mejor postor conmigo vale, las horas de espera valen, todo vale… pero mis chorizos llegan esta noche a mi casa como que yo me llamo T… lo que sea.

Así es la vida.

La parte buena es que los momentos pasados lejos de aeropuertos han sido estupendos y bien aprovechados. Tan bien, que por fin hemos encontrado la receta de magdalenas de la abuela. Una receta que llegó a manos de mi madre a través de un compañero de trabajo y que luego fue confirmada por una familiar que solía hacer magdalenas con ella. Un ajuste aquí y otro allá y listas. Han aguantado dos semanas en una lata en perfectas condiciones. Probablemente aguanten mucho más, pero no podemos ofrecer datos empíricos porque sí, queridos amigos, las 6 docenas que horneamos han caído en 14 días.

Por los viejos tiempos.

Olive oil magdalenas - Magdalenas de aceite de oliva

Magdalenas incorruptibles de aceite de oliva

Ingredientes (para 16 – 18 magdalenas)

250 grs de harina
250 grs de azúcar (y un poco más para espolvorear)
250 grs de aceite de oliva
250 grs de huevo (unos 4 huevos L)
2 sobres dobles pequeños de gasificante, o como ella los llamaba, “sobresillos del Tigre” (en total 10 grs)
2 limones
1/3 cucharadita de canela

Modus operandi:

1. Vierte el aceite en una sartén y añade la cáscara (sin la parte blanca) de un limón. Llévalo al fuego hasta que el aceite empiece a humear. Retira la sartén del fuego, desecha la cáscára y dejar enfriar el aceite completamente.

2. Precalienta el horno a 180 C (o a 170 C con ventilador).

3. En un cuenco grande, mezcla los huevos y el azúcar con unas varillas. Añade el aceite frío, la harina, el gasificante, la canela y la ralladura (también sin la parte blanca) del otro limón. Mezcla hasta que los ingredientes estén bien integrados y sin grumos.

4. Coloca las cápsulas de magdalena en una bandeja de horno. Rellénalas con la masa hasta llegar a 2/3 del contenido. Añade un poquito de azúcar en el centro de cada magdalena para que al hornearlas se forme una pequeña costra crujiente en la superficie.

5. Hornea las magdalenas durante 20 minutos. Déjalas enfriar en una rejilla.

*Si no encuentras el gasificante, puedes sustituirlo por 16 grs de levadura química.
*Es recomendable utilizar las cápsulas dobles para que aguanten mejor el peso de la masa y las magdalenas no se venzan.
*Para rellenar las cápsulas lo ideal es hacerlo con una manga pastelera, es más limpio y rápido pero no indispensable. Se pueden rellenar igualmente con una cuchara.
*Las magdalenas se conservan al menos dos semanas bien guardadas en una lata o contenedor de plástico. La abuela las guardaba en cajas. Sospechamos que aguantan mucho más, pero a ver quien es el guapo que hace la prueba.

¡Qué aproveche!

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Olive Oil Magdalenas - Magdalenas de aceite de oliva

2013: An air odyssey

I have usually boasted a lot about how lucky I am on my trips, choosing flights and airlines. About arriving always in one piece, with luggage and on time, even flying with low cost airlines (even once paying 0,02 € for both flights!).

Yep, of course. The reason was clear: destiny was preparing an epic compensation of luck for me. The  adventure super-pack in every single airport I visited during the last holidays. Only four, luckily.

My adventure starts one day of March, at 8 pm. Back from work, I turn my laptop on to say goodbye to all of you, but I decide to print my boarding passes before. Outlook, inbox, your flights of tomorrow have been canceled. How lucky.

I waste my time dialing five different phone numbers of the company in Finland, Spain, Germany, UK and one, specific for strike troubles, with unknown location. After two hours, someone answers in this last number, but even though the web page says this one is specially for this kind of incidents, they say it’s a web assistant. Ok, ’till tomorrow.

Helsinki-Vantaa Airport – Day D1. They reassign me to another flight that stops in Frankfurt. Check-in  and boarding gate. And wait and wait… and dozens and dozens of Finns queuing and waiting… until the captain appears and says he denies the boarding. Technical issues, and there is no other plane available for us. How lucky! After fixing some holes we fly to Germany.

Frankfurt Airport – Day D1 (evening). The flight to Barcelona that appears in my boarding pass is overbooked and there are 60 people on the waiting list. I’m not one of them (ah, how lucky I am…). But people want to fly and negotiations start. The desk of the airline (yep, THAT German one) starts the tombola and tries to re-buy our tickets, paying 250 € + hotel. I arrive to Barcelona at night with a hole (bigger than those on the first plane) in my suitcase. How lucky…

Barcelona Airport – Day D2 (the return). Barcelona – Berlin – Helsinki. One boarding pass, to Berlin. The second route no longer exists.

Yep, really.

They reassign me to a flight that stops in Munich and I have 10 minutes to board the second plane. That’s luck or what?!

Munich Airport. I get ready for the 100 metre-dash but it doesn’t matter, at the boarding time I’m still trying to get the hell out of the first plane when… oh, bus! Well, it’s not on me anymore, it’s clear, I’ve missed the second flight.

In that moment, destiny changes the course of the adventure, to prevent a possible terrorist attack to the desk of THAT company. A couple of German lads appear out of the Bavarian shadows with a sing: “Helsinki” (yep, it doesn’t say “Mme. Tuonela from Cardamomoland” or anything like that). They carry me in a F1 that crosses the terminal in the blink of an eye and they open a secret access (or something like that) straight to the plane. I arrive to Helsinki. My suitcase doesn’t (it wasn’t VIP like me).

Until this moment my huge patience hold the situations like a true champion but there was still something else coming. My suitcase was in Munich and it would arrive to Finland late at night. So late, that they would bring it to me the next day.

KA-BOOM!!

Canceled flights ok, broken suitcase ok, playing tombola with me ok, hours waiting ok, everything ok… but my chorizos will arrive home tonight, are you listening to me??!! – poor girl at the desk.

That’s life.

But not everything on the journey was bad luck, the moments far from airports were great. So good, that we finally got granny’s magdalenas recipe. A recipe that my mom got from a coworker which was later confirmed by a person of the family who used to bake with her. A little touch here and there and ready. They have been perfectly preserved in a can for two weeks. They probably last much longer but we don’t have empiric data about it. Yep, my dear friends, the 6 dozens we baked disappeared in 14 days.

For old times’ sake.

Olive Oil Magdalenas - Magdalenas de aceite de oliva

The incorruptible olive oil magdalenas

Ingredients (makes 16 – 18 magdalenas)

250 g plain flour
250 g caster sugar (and some more for dusting)
250 g olive oil
250 g eggs (more or less 4 large eggs)
2 x 5g double sachets of baking soda
2 lemons
1/3 tsp cinnamon

Modus operandi:

1. Pour the olive oil into a frying pan and add the peel of one lemon (avoid the white part, it’s bitter). Heat it up until it starts smoking. Remove the pan from the heat source, discard the peel and let the oil cool completely.

2. Preheat the oven to 180 C (or to 170 C with fan).

3. In a big bowl, mix the eggs and the sugar with a whisk. Add the cold oil, the flour, the baking soda, the cinnamon and the zest of the other lemon (again, avoid the white part). Mix until just combined and no lumps left.

4. Place the muffin cases on a baking tray. Fill them up with batter 2/3 of their capacity. Add some sugar in the center of each magdalena to get a little crunchy sugar cover.

5. Bake the magdalenas for 20 minutes. Let them cool down on a wire rack.

*If you can’t find the double sachets of baking soda, you can use 16 g of baking powder instead.
*Using two muffin cases instead of one for each magdalena is highly recommendable, they hold much better the weight of the batter.
*Using a piping bag to fill the cases is very helpful, clean and fast, but you can do it also with a spoon.
*These magdalenas last at least two weeks kept in a can or plastic container. Granny used to keep them in regular boxes. We suspect they last much longer, but who’s brave enough to avoid the temptation and wait?

¡Qué aproveche!

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2013: Una odisea en el aire (the incorruptible olive oil magdalenas) was last modified: December 20th, 2014 by Tuonela